Tuesday, February 7, 2012

Un mundo perfecto

December 5th, 2007 by admin

Playas de fina arena rosada, mar turquesa y hoteles espectaculares. Además, la belleza de Turks & Caicos.

Hazme arañitas. La voz femenina hacia su amante se recortaba en el silencio del atardecer caribeño. Sólo se oía el murmullo del mar y esa dulce voz dominicana que le pedía a su pareja unas caricias tímidas y cosquilleantes en su espalda. Eran los únicos sobrevivientes en la playa del resort. Mientras tanto, en el muelle del complejo llegaban parejas de norteamericanos en luna de miel, con una copa de champán en una mano y cámara de fotos en la otra, para llevarse ese momento mágico de la caída del sol en las retinas de sus máquinas. Hay que contrarrestar el temor al olvido. Nadie quiere que el paso por este lugar de ensueño quede desperdiciado.

En Bahamas o en el archipiélago Turks & Caicos los relojes dejan de ser la forma tradicional de medir el tiempo. Apenas aterricé en estas islas supe que el único reloj posible dentro de un resort como el de Beaches en Turks o Sandals en Bahamas era el de la cantidad de tragos que uno bebe en las barras de las piscinas, el de las exquisiteces que se comen en los restaurantes, el de las sensaciones que dan las actividades acuáticas, el de los libros que se leen en la arena blanca. El paraíso existe.

La mejor playa del mundo
Desde el momento en que el avión se desliza en el aeropuerto de Turks & Caicos, uno entiende que llegó al lugar adecuado para olvidarse de todo y comenzar una nueva vida, aunque sea por unos días. El control de pasaportes se hace con una sonrisa, mientras una banda de música anticipa el clima cálido de las islas.

Turks & Caicos es una colonia británica conformada por unas treinta islas de las cuales sólo ocho están pobladas. Allí viven unos pocos descendientes de los esclavos negros llevados en el siglo XVII por los británicos para trabajar en las salinas. En forma intercalada, a lo largo de la historia fueron anexadas tanto a las Bahamas como a Jamaica. En 1976, la Corona británica le concedió autonomía y la promesa de una independencia que nunca llegó. La producción de sal fue su principal recurso económico pero hoy ya no es un negocio rentable: el principal recurso es el turismo y la pesca.

El pequeño centro de la isla Providenciales sólo tiene unos pocos negocios donde venden bijouterie de playa y remeras alusivas al lugar. Pero esa ausencia de comercios también indica que estamos en uno de los últimos secretos del Caribe, un punto turístico exclusivo que en 2006 fue señalado como el que posee las mejores playas del mundo por las principales revistas de turismo.

Tesoros del mar
En el archipiélago viven 20 mil habitantes, pero la visitan 100 mil turistas al año y es un lugar inigualable para explorar el mundo submarino. Con equipo de buceo o snorkel se puede, a pocos metros de la playa, ver de muy cerca tortugas enormes, cangrejos desmesurados, peces de colores inimaginables, delfines, tiburones que pasan -indiferentes- debajo de nuestros cuerpos.

Por otra parte, si subirse a un yate para tirarse al mar es demasiado esfuerzo en vacaciones, tampoco es necesario creerse protagonista de “Viaje al fondo del mar”. Suele ocurrir que algunos cardúmenes coloridos y atrevidos llegan hasta la playa y hacen cosquillas entre las piernas. Puede pasar que una raya se acerque y asuste a un grupo de italianos en familia que corren pero no de miedo, sino a buscar sus cámaras, antiparras o máscaras de snorkel para ver cómo el bicho se echa a dormir una siesta. El entretenimiento natural está asegurado.

Después de tanta actividad marítima hay que revitalizar el cuerpo. En el complejo Beaches están todas las opciones gastronómicas necesarias: pastelería francesa, comida japonesa, china, variedad de buffet y hasta hamburguesas. Otros prefieren empezar, seguir o terminar, con un trago como el sunset caicos, un cosmopolitan o un midori o por qué no un Jack Daniel’s con hielo al costado de las piscinas del complejo.

La noche marca el final de una parte de nuestro viaje. Hay chicos haciendo karaoke con una pantalla gigante en el centro del complejo, hay baile con música de los ochenta en un pub y en otro una pareja local genera miradas envidiosas al mostrar como pueden mover el cuerpo al son del reggaeton, como si fuera un trance ritualístico. Las luces se apagan. Mañana nos espera Bahamas.

Piratas del Caribe
El vuelo hacia las Islas Bahamas incluye paso obligado por Miami, todas las conexiones en el Caribe son vía Estados Unidos para lo que es necesario obtener la visa de ese país. Una vez pasado el trámite obligatorio por los tensos y antipáticos oficiales de migraciones, el vuelo hacia el ensueño comienza.

Aguas turquesas y un fondo de mar que se puede “tocar” desde la altura del avión componen una bienvenida majestuosa a un lugar onírico. Y el aterrizaje no puede ser mejor. Dos limousines brillosas como las que podría usar Donald Trump o Jack Nicholson, nos esperan para llevarnos al Sandals. Durante veinte minutos tenemos la sensación de ser multimillonarios y hay quien emula a Madonna en su video Music.

Cuando se llega al resort, se escucha el sonido inconfundible de una botella de champán que se destapa. Nos reciben hombres y mujeres uniformados que se presentan como el “butler” a nuestro cargo. Son mayordomos entrenados en Inglaterra que se encargan tanto de reservar reposeras o sombrillas en la playa, conseguir una comida en particular o bebida insólita o contestar cualquier duda que uno pueda tener. Bienvenidos al reino del “dolce far niente”.

Las Bahamas constituyen un archipiélago de 700 islas, al sudeste de Florida (EE.UU.) y al norte de Cuba. La isla principal se llama Nueva Providencia y su ciudad principal es la capital del país: Nassau. En San Salvador, la historia dice que llegó Colón en 1492 como primer punto en sus expediciones en busca de las Indias. Hubo una población nativa, Arawak, que fue diezmada por los traficantes de esclavos españoles. En el siglo XVII se establecieron colonos británicos en estas tierras y luego el archipiélago se convirtió en un refugio de piratas. Siglos después, la ficción superó la historia, cuando en estas islas se filmó “Piratas del Caribe” protagonizada por Johnny Depp personificando a Jack Sparrow.

Durante la guerra civil estadounidense, la zona se convirtió en centro de tráfico ilícito con Estados Unidos; en 1967 Gran Bretaña le concedió autonomía y en 1973 la independencia total.

El turismo es el principal negocio de las islas y muy cerca se encuentra el negocio bancario. Tanto Bahamas como Turks & Caicos son paraísos fiscales.

Nassau es una ciudad que conserva una arquitectura con muchas casas coloridas y que, por momentos, da la sensación de estar en un lugar ficticio.

Casas de licores, joyas, piedras preciosas, ropa, restaurantes y un enorme mercado de lo trucho se encuentran en Bay Street, la principal calle de esta ciudad, que de vez en cuando se sorprende a sí misma con la presencia de celebridades como Keith Richards, John Travolta, Shakira y Ben Affleck o el mismo Johnny Depp. Ellos son algunos de los felices compradores de islas cuyos valores oscilan entre US$ 1.500.000 y 3.000.000.

El show de los delfines
Desde Nassau partimos hacia la isla Paradise, donde tendremos un encuentro muy cercano con las estrellas del lugar: los delfines. El Dolphin Encounters es el lugar con el que todos los chicos sueñan.

Sin embargo, son los mayores quienes ríen y gritan de la emoción cuando un delfín amaestrado responde a una serie de pitidos con un beso en la mejilla.

El resto de las islas de Bahamas se visita en barco o en avión: Bimini, Andros, Eleuthera, Exuma y San Salvador son las principales y todas poseen su encanto. Exuma cuenta con 365 cayos donde bucear; Bimini es una cita para pescadores empedernidos que buscan el pez vela; Eleuthera posee el encanto de su increíble playa de arena rosada; San Salvador ofrece sus arrecifes de coral.

El mar de los enamorados
Es una tierra, un mar para enamorados. Por eso, en la mañana y en el atardecer, se celebran casamientos al aire libre. Con aguas profundas como fondo y la voz relajada de un juez o jueza, música new age, y la presencia de amigos o recién conocidos, los dos enamorados dan el sí.

Se están casando con un rito marino. Ella con vestido blanco, él con saco negro y pantalón de colores. Un juramento con el mar como testigo. Probablemente sea una de las escenas más soñadas por quienes se sienten románticos y buscan rituales novedosos para sellar su amor. Y es que Bahamas tiene ese imán imposible de neutralizar hacia el placer de todos los sentidos.

La vida nocturna en el resort tiene comienzo pero nadie sabe cuándo termina. Parejas de norteamericanos, italianos y dominicanos continúan con sus mimos y romanticismo calcado pero efectivo. Langostas en todas sus variantes se exhiben bajo la luz de la luna sobre el muelle, pistas de bailes, karaokes que democratizan el no saber cantar pero que se transforman en el escenario en el que despliegan sus voces profesionales de incógnito, sacan la locura y la pasión de quienes toman un micrófono y se creen Elvis, Paul McCartney o Bono. La noche, finalmente, se diluye y empieza a aclararse el cielo. Llega un nuevo día. Pocos se percatan del paso del tiempo.

Mientras tanto, la pareja de románticos continúa en la playa y se escucha una voz que pide más arañitas. Pero esta vez, es el hombre quien ruega por ellas.

Fuente: Héctor Pavón

Clarin.com

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