Secretos y Sabores: Londres
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El Viajero ha escuchado con demasiada frecuencia que comer en Londres no suele ser una experiencia grata. Sucede que la fama que cultivan, con justicia, sus vecinos franceses e italianos, y por qué no, españoles y alemanes, parece haber opacado una gastronomía con una larga historia que arrastra el estigma de preparados muy grasosos y de escaso sabor.
En la actualidad, Londres -como otras ciudades- se ha visto arrinconada por las comidas masificadas que han alterado el paladar. En las calles londinenses reinan las hamburguesas y las pizzas y se huele a pollo frito. Ninguno de estos preparados representa ni por cerca el refinado paladar de los londinenses. El Viajero cree que este rosario de locales uniformados sembró la injusta mala fama de la comida british.
El Viajero sabe que en Inglaterra en general, y en su capital en particular, el sabor y la naturaleza de la comida están estrechamente vinculados a los horarios. Por ejemplo, el desayuno característico se toma muy temprano y consiste en un gran plato compuesto por diferentes alimentos como tocino frito, huevos revueltos con jamón, tomates y champiñones, salchichas, tostadas fritas y frijoles. Esto suele rematarse con un gran bol de cereales y un tazón de café o té cargado o té con leche. Esta primera comida es muy fuerte y prepara el organismo para un largo día de trabajo. El almuerzo, que se toma entre las 12 y las 12.30, suele ser muy liviano. Consta de un sándwich, o bien de un Shepherd’s Pie, un pastel hecho a base de carne picada, cebolla, verduras y cubierto de puré de papas (en estas costas, recuerda El Viajero, se le suele llamar pastel de papas). Otra alternativa es el Steak and Kidney Pie, pastel elaborado con carne de vaca y riñones. O la inevitable papa asada rellena con tocino. También se puede optar por menús rápidos, como un plato de inspiración alemana: bocadillo a base de salchicha tipo Frankfurt, con cebolla frita y salsas. Quizás el menú rápido más representativo sea el pescado y papas fritas dentro de un cucurucho de papel o al plato. Conocido genéricamente como fish and chips, es una comida muy demandada por los turistas.Este almuerzo, tan temprano, predispone al organismo para una esperada merienda. Tradición que por cierto se mantiene. La célebre ceremonia del té da ocasión para saborear alguna confitura. Con los años, la taza de té se ha ido sustituyendo por café o chocolate, aunque existen salones donde se sirve el tradicional té acompañado de diferentes bollitos y tortas.
El Viajero sabe que, cuando desea cenar en Londres, no se puede dejar pasar el tiempo inútilmente. Si quiere comer como se debe y a la hora adecuada, debe sentarse en algún restaurante alrededor de las siete de la tarde. La cena londinense ofrece platos combinados en los que se incluyen gran diversidad de alimentos. Al Viajero le llama la atención la frecuencia de la guarnición de brócoli. En algunos condados, no muy lejos de Londres, suelen ofrecer especialidades que bien valen un viaje. En Cornualles, hacia el sudeste de Londres, sirven pasty, una suerte de empanada elaborada con carne, verduras y patatas, pero cuyo resultado en nada se parece a la empanada vernácula. En Yorkshire, no se puede dejar de probar el roast beef y el pudin, considerado el plato nacional. En cualquiera de sus ciudades, Leeds, Bradford o York, cultivan la gastronomía regional con particular orgullo. Son típicos el lomo de cerdo asado con salsa de manzanas o el cordero en salsa de menta. El pilar de la comida tradicional inglesa es la carne asada acompañada por una gran variedad de salsas.
Los domingos, los londinenses inundan los pubs a la hora del almuerzo. Ese día el plato de rigor es el sunday roast o asado de domingo. Es una porción de carne vacuna con papas al horno, arvejas y zanahorias y el famoso yorkshire pudding, una masa en forma de pan para absorber la salsa hecha con el jugo de la carne.
Los postres tienen también una larga tradición. Desde los deliciosos pancakes, los legendarios pasteles de frutas, chocolate y queso o la torta Bakewell, una sutileza que halaga al paladar desde su masa esponja, cubierta con una grata mermelada, una lluvia de almendras y helado.
Como sabe El Viajero, la buena comida inglesa se saborea acompañada por una de sus tantas cervezas, como sus rubias, exquisitas aunque no tan originales. El Viajero prefiere las Guinness, oscuras, de sabores amargos, intensos y vivamente refrescantes.
Fuente: Clarin.com
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