Museos de Irlanda
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El viejo arsenal, en donde comienza Ulises -la célebre novela de Joyce-, alberga el museo dedicado al escritor.
El arte en general, pero especialmente la literatura, son motivo de inspiración y de genuino orgullo en Dublín, la milenaria capital de Irlanda atravesada por el río Liffey. George Bernard Shaw, Samuel Beckett y Oscar Wilde, son sólo algunos de los nombres de una larga tradición literaria de fama universal. Pero entre todos ellos, la figura de James Joyce es, quizá, la que más se identifica con la ciudad. Su novela más importante, Ulises, transcurre en una sola jornada, un 16 de junio de 1904, en la que su protagonista, Leopold Bloom, recorre las calles de Dublín en un largo periplo de bebida y encuentros de toda clase.
La torre de Martello
El sitio más importante de esa suerte de ruta Joyce no está exactamente en Dublín sino en la costera localidad de Sandycove, a 30 minutos en tren desde el centro de la ciudad. Se trata de The James Joyce Tower, o la Torre de Martello, hoy convertida en el Museo Joyce. El viaje hasta aquí tiene sentido aunque sólo sea para admirar la vista de la bahía de Dublín desde las almenas.
De forma circular, fue construida en 1804 por el ejército británico para defenderse de una posible invasión napoleónica. Su destino original era albergar pólvora y municiones para la batería de cañones que, desde su punto más alto, apuntaban hacia el mar. Hoy es la única que queda en pie de un total de quince fortificaciones similares en la costa irlandesa. Reconstruida parcialmente en 1962, la torre fue convertida en un museo y a la estructura original se le adosó un ala nueva para el ingreso del público.
Un estudiante de medicina y reconocido poeta de la época, Oliver St. John Gogarty, fue el primer habitante. Gogarty invitó a Joyce, de 22 años y en el comienzo de su carrera, a vivir con él una temporada. La tensión de la convivencia hizo que Joyce abandonara la torre. Nunca regresó. Muy poco tiempo después se fugó con una camarera que se convertiría en su esposa, Nora Barnacle, e inició un exilio voluntario.
La antigua fortificación se convirtió en el Museo Joyce, principalmente porque la escena inicial del Ulises tiene lugar en la parte superior de la torre, que ofrece una soberbia vista de 360 grados. En este primer capítulo también se describe la sala circular donde desayunan los personajes Mulligan, Dedalus y el inglés Haines. Esta descripción, junto con otros documentos y memorias, ofrecen indicios suficientes para saber cómo era la habitación por aquel entonces. En el dormitorio se exhibe la cama donde dormía el escritor, algunos libros y una chimenea a leña.
La sala de exposiciones contiene la mayor parte de las piezas que se exhiben en el museo. Entre ellas, figuran las primeras ediciones de la mayoría de sus libros, entre las que se encuentra el primer ejemplar de Ulises publicado por la editorial Shakespeare & Co., en 1922; cien ejemplares del libro firmados por Joyce; versiones de la obra en más de 30 idiomas, incluida la primera edición británica de 1936 -publicada cuando se levantó la prohibición que pesaba sobre ella- y una edición de lujo ilustrada por el Henry Matisse.
Además, en el museo se pueden ver sus cartas personales, fotos familiares y una página del manuscrito original de Finnegans Wake, la última novela de Joyce, que se publicó cuando él aún vivía. Y otros objetos todavía más personales, como un chaleco bordado por su abuela, su guitarra, el baúl que lo acompañó en sus viajes por Europa y una corbata que Samuel Beckett recibió de Joyce y que luego donó al museo. También se exhiben dos máscaras de yeso de Joyce realizadas por el escultor Paul Speck, en 1941, pocas horas después de su muerte, en Zurich, y dibujos y caricaturas con la firma de Joyce.
Entre otras curiosidades, habría que anotar una foto del primer cine de Dublín, abierto por Joyce en 1909, “The Volta Cinema”, que existió hasta 1948, cuando tuvo que venderlo: fue un fracaso económico. En la misma pared, se puede ver el afiche cinematógrafo de la primera versión del Ulises, de 1967. Fue dirigida por Joseph Strick, y censurada por su fidelidad al texto original.
El recorrido, guiado por el curador del museo, Robert Nicholson, culmina en su punto inicial: la tienda de merchandising que incluye desde distintas ediciones de sus libros hasta CDs con grabaciones de sus obras, remeras, calendarios, y postales, vinculados al mundo joyciano. Sobre el final, Nicholson dice: “Joyce no quería ser un escritor irlandés, sino un buen escritor”.
Fuente: Agustín Maurín
Clarin.com
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