Tuesday, September 7, 2010
    

Los mejores resorts de América latina.

November 21st, 2007 by admin

A veces, para hablar de una cosa hay que hechar mano a otra. Por ejemplo: ¿importa que este complejo de Los Cabos, en Baja California, México, haya sido elegido por Luis Miguel para la fiesta de bautismo de su hijo? ¿Dice algo que allí John Travolta celebrara sus cincuenta años? ¿Es significativo que Maichel Douglas lo busque para refugiarse de la prensa? Usted decidirá si estos datos constituyen un parámetro. Lo cierto es que los responsables de One&Only Palmilla no escatiman el dato al perfilar la categoría de este hotel, spa y campo de golf sobre la orilla del mar de Cortés.

Ubicado entre los pueblos de San José del Cabo y el Cabo San Lucas, fue concebido para viajeros con “alto poder adquisitivo y muy exigentes, que aprecian la privacidad y el encanto mexicano del resort”. Esa definición institucional explica por qué se derramaron 90 millones de dólares sobre el anterior Hotel Palmilla en una remodelación que dio por resultado 172 habitaciones con vista al mar y también al cielo: en cada cuarto, un trípode con un telescopio invita a escudriñar las estrellas cerca de las llamadas “áreas de vanidad” localizadas en los baños. Allí están las tinas esculpidas en mármol y las duchas o regaderas que habilitan unos regocijantes chaparrones. Las puertas internas son portones de doble hoja, de madera con herrajes labrados y junto a los espejos, más arrogantes que ventanales abiertos, se desperezan candelabros de velas. Hay tapetes de piel y bordados a mano; jarrones de vidrio y ampulosas vasijas de barro cocido. Manda el color pastel y cuando uno se deja caer en la cama puede soñar que hace la plancha en un mar de almohadas para despertar y comprobar que no había soñado.

Travesías marinas
Las ballenas grises y las ballenas jorobadas visitan estas playas entre enero y marzo, en su tránsito hacia Alaska. Al atractivo de los avistajes se suma el de la pesca. Todos los años, a fines de octubre, la zona es invadida por una flota de yates -muchos de ellos ni llegan por agua, sino transportados en cargueros- para participar del certamen de pesca del marlín más importantes del mundo. El marlín es un pez espada y para inscribirse cada competidor debe desembolsar seis mil dólares. Lo cierto es que la recompensa justifican la inversión, aunque es poco probable que alguno vaya atraído por el millón doscientos mil dólares del premio oficial -o los dos millones que suman las apuestas. Adivinaron: para quienes vienen aquí, dos o tres millones, más o menos, no es un tema.

El One&Only ofrece además, en cualquier época, la posibilidad de salir de pesca en uno de sus yates hacia Cabo Pulmo, al norte de San José del Cabo, un lugar al que el oceanógrafo Jacques Costeau bautizó “el acuario del mundo”. No será desatinado rentar uno de los barcos que parten de la marina de Cabo San Lucas. El chef está incluido a bordo y no para de ofrecer, durante las cuatro horas de travesía, fuentes de sushi, pinchos y jamón con endivias. Lógicamente, se provee el equipo necesario para bucear, hacer snorkel o windsurf. Al salir, se pasará ante una de las postales más famosas del Cabo: el Arco de roca, que se alza como una marca de frontera entre el mar de Cortés y el Pacífico, custodiado por otras seis crestas de piedra que emergen de las aguas.

Hacia el desierto
Se ven, al salir de la marina, las residencias que balconean sobre el mar en lo alto de los cerros y se descuentan, desde ahí, unas vistas envidiables. Esto explica la pintada que desde una pared procura desanimar a cualquier iluso: “Esta casa no se vende”.

Antes de cruzar frente al Arco se pasa por la llamada “playa del amor”, y después, hacia el norte, ante el cerro del Faro, en donde -asegura el capitán- se filmaron muchas escenas de Troya, la película de Brad Pitt.

Pero el programa de excursiones no está anclado al mar. Uno puede darse vuelta y mirar hacia el desierto. Los Cabos tiene esa singularidad: la orilla del mar es al mismo tiempo la orilla del desierto. Para explorarlo, hay entre otros planes una salida de un día que lleva por esa geografía rala, erosionada por la sequedad y los vientos, con rumbo hacia Santiago, un pueblo cercano, para seguir luego, desierto traviesa -en una Hummer H2, top de los todo terreno- hacia el “cañón de la Zorra”. Este es un lugar perfecto para hacer escalada hasta 300 metros de altura en una fosa con cascada incluida. La jornada finaliza con una deliciosa cena en un rancho. No podría, no puede no ser deliciosa: la gastronomía, en el One&Only, está tutelada por Charlie Trotter, un prócer de la cocina a nivel mundial. Le pregunto: ¿Qué define a una buena comida? Trotter piensa un segundo: “Que sea pura, limpia, que tenga sabores explosivos”, dice y chasquea los dedos.

De diseños y sabores

Esta premisa -la de la pureza y el sabor explosivo- se cumple a rajatabla en “C”, uno de los restaurantes del complejo dirigido por Trotter. Allí se comen los más frescos bocados de las costas mexicanas y excelentes carnes de caza. El diseño es admirable. Desde el de los bocados y los platos que aterrizan en las mesas como el de la ambientación general. La cava es vidriada –entre sus botellas hay un Petrus Bordeaux cosecha 62 que cotiza en varios miles de dólares–, las paredes son de cristal azul y la iluminación surge de un conjunto de dicroicas gigantes.
La función de la cena indica cinco pasos: 1) pastel de cangrejo con costra de hojuela de arroz y emulsión de genjibre; 2) ravioli crudo de nabo de sandia y nuez macadamia, tomates amarillos y albahaca morada; 3) grits de elote amarillo y chowder de vegetales; 4) medallones de salmón chileno, ensalada de manzana y Jícama con Gastric de Sidra y reducción de balsámico y 5) un medallón de lomo de ternera a la parrilla, gratín de poblanco y cangrejo y hongos con salsa charon. Después, los postres.
“Agua” es otro de los restaurantes, dedicado a la comida mediterránea y nativa mexicana. Aquí cocina el chef marroquí Labri Dahrouch. Pero lo más sorprendente está en el restaurante del spa, en un patio junto a una fuente, donde Michael Mc Donald propone cosas como “agua de tomate y albahaca”, ensaladas de “pera con endibias belgas” o “salmón con corazones de palmito”. Platos en la onda light, pero más suculentos y ricos de lo que cualquiera se animaría a apostar.

Historias de golf y spa

Mil seiscientos empleados se ocupan de que los huéspedes se sientan como reyes –casi como déspotas– y para asegurarse de eso, cada vez que los cruzamos nos destinan una reverencia –la mano llevada al corazón–, que es el saludo de fórmula. Por las noches, mientras el agua corre por las ocho fuentes y las piscinas se funden con el mar, 1.200 velas parpadean en senderos, pasillos y rincones de los jardines. Las sombras se estiran entonces en ese silencio perfumado y uno avanza como por una película por el resort al que la prestigiosa Condé Nast Traveler’s Reader’s Awards consagró como el mejor de América latina.
Su Golf Club ostenta en el orillo otra marca de distinción: fue el primero que Jack Nicklaus diseñó por estos lares: cuenta 27 hoyos con cinco mesas de salida, cuatro lagos y desafiantes desniveles. Jugar allí no es sencillo: los vientos elevan muchísimo el nivel de dificultad, lo que hace que el desafío sea sencillamente apasionante.
Pero la cadena de placeres no termina aquí. Advertencia: lo que sigue puede tener un airecito de folleto, pero se impone decirlo: “El spa está equipado con la más moderna tecnología”. Y hay una obligada historia que contar. Una vez, un tal William Nelson trabajó para la NASA. Profesor en física y médico, Nelson inventó un aparato para monitorear la salud de los astronautas. Un sistema que permite escanear el organismo del paciente y establecer su condición neurológica, cardíaca y energética, determinándose qué le falta y qué le sobra a cada función para, a partir de ahí, aplicar la terapia más precisa.
Cuentan los encargados del spa que la NASA le negó a Nelson la autorización para explotar su aparato en forma privada, razón por la cual renunció a su empleo, patentó el invento en Inglaterra y ahora, una de esas máquinas es la estrella del spa. Se trata, aseguran, de medicina de primer nivel mundial.
Las terapias, los masajes y el envolvente aroma de los inciensos son el blindaje de un limbo de lentas gratificaciones que parece haber abolido el tiempo. Y todo sucede ahí, en Los Cabos, una lonja de tierra que se aparta como un brazo del continente y del mundo entero. El remoto mundo que asoma por los televisores y que es mirado con esa calma chicha que da la certeza de saber que todo anda, desde luego, sobre rieles.

Fuente: alejandro stilman

Clarin.com

    

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