La Cordillera y los lagos cristalinos
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En una maravillosa travesía por el Parque Nacional Perito Moreno.
Ernesto Mario Rona contador público, de Adrogué, provincia de Buenos Aires. Viajó a la Patagonia en noviembre de 2007.Con mi amigo Luis Lorenzo decidimos visitar el Parque Nacional Perito Moreno, en Santa Cruz. El nombre del parque se presta a confusión, ya que no tiene nada que ver con el glaciar homónimo, también en Santa Cruz, pero más al sur, cerca de Calafate.
A pesar de sus hermosos paisajes, el Parque Nacional Perito Moreno es uno de los menos visitados, ya que está muy aislado. En un área “intangible” donde está prohibido ingresar se protege el huemul, un ciervo autóctono en peligro de extinción. La estación de servicio más cercana está a más de 200 km y en el parque no hay ningún servicio: teléfono, señal de celulares, electricidad, transportes de pasajeros, hoteles, despensas. Sólo los guardaparques y las estancias La Oriental y Belgrano.
Nos alojamos una noche en La Oriental, ordenamos el equipo de camping y salimos al primero de los dos destinos previstos: el Valle del Cerro San Lorenzo. Como éramos los únicos visitantes fuera de los circuitos para vehículos, llevamos un GPS para orientarnos y un teléfono satelital para una eventual emergencia.
Buscamos el lugar para acampar siguiendo el cauce del río Lácteo. A medida que avanzábamos, los paisajes se tornaban más impactantes. No encontramos una supuesta senda y debimos vadear varias veces el río Blanco. Finalmente, llegamos a un refugio, en la confluencia de los ríos Lácteo y Hermoso. Un lugar espectacular, con una vista privilegiada del cerro San Lorenzo.
Al día siguiente, seguimos la caminata hasta la laguna de los Témpanos, de color verde blancuzco. Allí, el glaciar del San Lorenzo deja caer enormes bloques de hielo. Regresamos a la estancia, donde disfrutamos de una ducha caliente y una cena después de tres días de trekking.
Otra jornada conocimos el lago Burmeister, agitado por fuertes vientos generadores de olas que parecen de un mar. Salimos hacia el Puesto del 9, bordeando el intenso azul del lago Belgrano, envuelto en un inmejorable marco de bosques y montañas.
Ya de regreso, nos desviamos 40 km para visitar la Cueva de las Manos. Conducimos el auto de alquiler varias horas por la estepa y nos sorprendió un cuadro inmejorable: la quebrada formada por un río, con paredes altas de roca de distintos colores y fondo verde de árboles que crecen sobre la ribera. En una cueva natural, 7 mil a 10 mil años atrás antiguas civilizaciones dejaron en las paredes las huellas de sus manos en distintos colores y pintaron escenas de caza. Otro imperdible es la península de los lagos Posadas (celeste) y Pueyrredón (azul furioso), separados por un angosto istmo. Un cúmulo de maravillas que están en la Argentina.
Fuente: Ernesto Mario Rona
Clarin.com
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