Historia y leyendas de Málaga
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En la provincia de Málaga, el legendario pueblo asombra con sus espectaculares vistas y sus mágicos rincones.
A 120 kilómetros de Málaga, en la comunidad autónoma de Andalucía, se encuentra Ronda, una de las ciudades más antiguas y bellas de España. El poeta checo Rainer Maria Rilke la definió como “La ciudad soñada” y escribió su Trilogía española en la habitación 34 del Hotel Reina Victoria, de Ronda. Musa de artistas, se enamoraron de ella Ernest Hemingway, Juan Ramón Jiménez y Rafael Alberti. Y como si todo eso fuera poco, James Joyce la evocó en el final de su Ulises y Orson Welles, que la visitó muchísimas veces y quedó prendado de los mitos y leyendas taurinas, terminó pidiendo que sus cenizas descansaran en una finca rondeña.
Antigua y moderna
Ronda -una pequeña ciudad de 36.000 habitantes, que forma parte de los llamados “pueblos blancos”- es extraña y monumental, enclavada en un paraje que deja sin aliento a viajeros de todo el mundo. La base de la ciudad está como partida al medio y entre las dos mitades asoma el llamado “tajo de Ronda”, un abismal desfiladero con desniveles de más de 100 metros de profundidad por donde corre el río Guadalevín.
A un lado, la Ronda moderna, ancha y alegre, y al otro, el casco antiguo, de reminiscencias árabes y trazado medieval, que esconde tesoros como la famosa Plaza de Toros, los Baños Arabes y el Museo del Bandolero, además de tiendas, anticuarios y restaurantes con exquisitas delicias de la cocina malagueña.
La Ronda antigua, con callejuelas de adoquines, palacetes aristocráticos y casas de balcones enrejados y llenos de flores, se despliega al sur del tajo, con su enorme colección de monumentos, plazas e iglesias.
Un recorrido por “La Ciudad” (así llaman al casco antiguo los lugareños) no puede dejar de incluir la Iglesia Mayor y la Iglesia del Espíritu Santo, de construcción gótico-renacentista, el palacio de Mondragón (durante siglos residencia de los reyes musulmanes y cristianos y hoy Museo Arqueológico) y el palacio del Marqués de Salvatierrra.
En el paseo también se podrá disfrutar de la Casa del rey Moro, de decoración gótica-mudéjar con jardines colgantes (allí se conservan unas escaleras de la mina que permiten bajar al fondo del tajo), la Casa del Gigante, un pequeño palacete morisco, y el Minarete-Alminar de San Sebastián.
Pasando la Cuesta de las Imágenes está el Barrio de San Francisco, con la Puerta de Almocábar, del siglo XIII, y la muralla árabe que rodeaba históricamente a Ronda. Al pie del Puente Arabe se encuentran los Baños Arabes, considerados entre los mejor conservados de toda España, y poco más allá el Museo del Vino. Todos los domingos, frente a la Puerta de Almocábar se arma un mercado al aire libre bien popular, una delicia para el viajero.
Al norte del tajo, en la parte moderna de la ciudad, se destaca el Parador de Turismo, un alojamiento construido sobre el viejo ayuntamiento, un lugar lindísimo para descansar, disfrutar de la vista y, de paso, probar alguna receta rondeña del chef, como rabo de toro o perdiz estofada.
El paseo continúa en el Parque de la Alameda, que balconea sobre el tajo, las iglesias del Socorro y La Merced y la Plaza de Toros, una de las más emblemáticas de España y entre las mejor conservadas (se inauguró en 1785 y pertenece a la Real Maestranza de Caballería de Ronda).
La Calle de la Bola, casi totalmente peatonal, es el centro comercial de la ciudad. Está llena de tiendas de todo tipo, coloridas y simpáticas, y desde allí hacia el norte se extienden los barrios más modernos de Ronda.
Los tres puentes
La ciudad vieja y la nueva están unidas por tres puentes. El Puente Viejo tiene un único arco de 10 metros de diámetro. El Puente Arabe es del siglo XIV y en el pasado fue la entrada al Arrabal Viejo. Pero el más impactante en cuanto al diseño y las dimensiones es el Puente Nuevo, una obra monumental del siglo XVIII, que une los barrios del Mercadillo y La Ciudad y que en algunos puntos tiene hasta casi 100 metros de altura.
En lo alto del puente, resulta imperdible la visita al restaurante Don Miguel, con sus terrazas para comer, con la vista increíble del río encajonado entre las enormes paredes del tajo.
Celtas, romanos y moros
Leyenda y realidad se entretejen en la fascinante fisonomía de Ronda, perfecta para encarnar los mitos más jugosos: bandoleros, toreros, cantaores, vestigios árabes y moriscos. La ciudad de Ronda (Arunda para los celtas) fue fundada por los romanos y llegó a ser una importantísima ciudad mercantil.
Luego, con la llegada de los musulmanes, pasó a llamarse Izn-Rand Onda y comenzósu primer gran desarrollo urbano, trazándose lo que hoy es el casco histórico.
La posterior conquista de los Reyes Católicos trajo aparejado un gran momento histórico: el levantamiento mudéjar de 1501, que dio comienzo a una nueva etapa de prosperidad económica y de crecimiento demográfico. En el siglo XVIII se fijaron las pautas urbanísticas de la actual ciudad de Ronda. Se crearon el Puente Nuevo y la Plaza de Toros, donde resultará fundamental la figura de Pedro Romero, quien, según se dice, fue el primer hombre que toreó a pie.
Es así que en el siglo XVIII y en el XIX Ronda se impregnó de su inconfundible esencia romántica, no sólo a partir de la tauromaquia, sino también del bandolerismo: ambos se conjugan hoy en el espíritu que tiñe cada rincón de la ciudad y que la hace irresistible.
Mitos y tradiciones
Pedro Romero, nacido en 1754, fue el mayor matador de Ronda y tiene su monumento en la plaza de San Francisco. Según se cuenta, jamás resultó herido en alguna corrida.
La otra gran leyenda del toreo es Antonio Ordóñez, muerto en 1998, cuya familia instauró la tradición de la corrida goyesca, una gran fiesta popular que desde entonces se celebra puntualmente a principios de septiembre. En esta celebración, los matadores, toda su cuadrilla y parte del público se visten con los trajes de época que inmortalizó Goya en sus grabados. Es un espectáculo único.
Leyenda y realidad se funden también en los recuerdos de los bandoleros, personajes que forman parte de la historia mítica de Andalucía y en especial de Ronda, con nombres como el Tempranillo, Tragabuches o el último bandolero famoso, que resultó muerto en 1934: Juan José Mingolla, conocido como Pasos Largos.
El fascinante Museo del Bandolero es un enclave más para la historia y la inspiración de la inolvidable y deslumbrante ciudad de Ronda.
Fuente: Claudia Dubkin
Clarin.com
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