Tuesday, September 7, 2010
    

Escapadas: Maximo Paz

April 14th, 2008 by admin

Enmarcada por un hermoso parque, la estancia Villa María conserva aires de distinción desde los inicios del siglo XX.
Durante los años dorados en que la Argentina se ufanaba de ser “El granero del mundo”, en los alrededores de Buenos Aires se construyeron varias fabulosas mansiones, donde la aristocracia porteña solía refugiarse al comenzar el verano. La estancia Villa María, situada en Máximo Paz, a menos de una hora del centro de Buenos Aires, alberga uno de esos lujosos palacios pampeanos de principios del siglo XX, donde ahora funciona un hotel rural de altísimo nivel.

Muchas veces, la palabra mansión se utiliza con demasiada facilidad para definir algunos escenarios turísticos. No es el caso de Villa María. Es una edificación de 3 mil m cuadrados, diseñada por el arquitecto Alejandro Bustillo, también responsable de los principales símbolos arquitectónicos de Mar del Plata y de la sede central del Banco Nación. Tras los portones de entrada y luego de recorrer un sinuoso camino que da cuenta de la inmensidad de la estancia, el visitante se sorprende ante un bello casco de estilo normando-tudor que parece salido de una película inglesa de época o de una novela de Jane Austen.

Mientras explica la historia de la casa y de la familia Pereda -que construyó la finca en 1919-, la anfitriona Josefina invita a conocer cada rincón, cuyo denominador común es la sofisticación y un buen gusto sin estridencias. Hay 15 suites de lujo, con una coqueta decoración de aires ingleses, ventanas al parque y camas extra large como para pasar la vida aquí. En la planta baja hay salones con mesas de billar, comedores donde en invierno se encienden hogares y una cava subterránea, donde se degustan vinos mendocinos.

Los amantes de los deportes cuentan con una piscina y canchas de tenis, fútbol y vóley, además de paseos a caballo, en carruajes y bicicleta. El jardín, ideal para perderse en largas caminatas, fue diseñado por un discípulo de Carlos Thays, con el objetivo de ser un museo natural de los cinco continentes. Más de 300 especies florecen y cambian de tonos en cada estación del año.

Quizás, el único punto flaco sea la propuesta gastronómica, compuesta por sencillos platos caseros, como carnes al horno, pastas, sopas y asado. Un menú que no desentonaría en otros establecimientos, pero que aparece como excesivamente simple para un sitio de estas características. Por el contrario, desde los hornos de la cocina salen tandas de exquisitos panes de campo, escones y brownies, a la altura de una verdadera mansión pampeana.

Fuente: clarin.com

    

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