Friday, September 10, 2010
    

Entre museos, plazas y edificios históricos

February 4th, 2009 by admin

Salta: Un recorrido por la capital provincial, esa perla que brilla entre los cerros. El circuito de las iglesias y las peñas.

Quizás la mejor manera de comenzar esta jornada en la linda de Salta sea desde las alturas. Porque en los miradores de la cima del Cerro San Bernardo se aprecia el diseño de la ciudad en forma de cuadrícula y se reconocen los principales monumentos históricos.

Como un mapa desplegado a nuestros pies y a 284 metros de altura sobre el nivel de la ciudad, se distinguen las plazas, las iglesias y los edificios que se recorrerán un par de horas más tarde. Hasta allí se accede en un teleférico, que ofrece un pintoresco ascenso en menos de diez minutos.

Una vez arriba, se disfruta de la panorámica del Vía Crucis sobre la ladera del cerro, las cascadas, la Cruz y el Cristo Redentor -que pesa 2 toneladas-, los puestos de artesanías y la confitería. Después de saborear un café sin apuro en el complejo del teleférico, habrá llegado el momento de entrar en contacto directo con las calles de una de las más bellas capitales argentinas.

Con un animado centro comercial plagado de bares y restaurantes, “Salta, la linda” invita a recorrer las calles donde conviven en armonía edificaciones modernas con casas de estilo colonial.

Por el casco histórico
Hay una imagen presente en todas las postales de la ciudad: la Iglesia y Convento San Francisco. Convertidos en íconos salteños por excelencia, atraen por su destacado valor arquitectónico e histórico y su inconfundible y colorida fachada.
Edificado en 1625, el templo sufrió reformas hasta 1882, cuando se inauguró la torre de 53 metros de altura, ubicada a un costado de la nave central y detrás de la estatua de San Francisco.
Vale recordar que allí asistió a una misa el general Manuel Belgrano por los caídos en la Batalla de Salta, mientras que la gran campana de la torre fue realizada con la fundición del bronce de los cañones usados en el combate. A su vez, la iglesia conserva obras de arte, un museo sacro y los valiosos documentos de la biblioteca del convento.
Siguiendo por la calle Caseros y siempre con las montañas como un majestuoso telón de fondo, se llega a la Plaza 9 de Julio, donde uno puede remontarse a los tiempos de la fundación de Salta, allá por 1582. A un lado, el Cabildo aún mantiene la estructura original y, si bien sufrió algunas modificaciones, es el más completo y el mejor conservado de la Argentina.
La particular asimetría del Cabildo y su veleta le suman encanto, y en la actualidad, alberga el Museo Histórico del Norte. El más importante en su tipo de todo el Noroeste argentino, sus salas cuentan con valiosas colecciones que forman parte del patrimonio de la provincia.
Enfrente, también de cara a la plaza, se levanta la Catedral de Salta, uno de los templos más bellos del país. Fue terminada hacia 1882 y su interior luce una ornamentación en ocre, azul, verde y dorado, que resalta en el impactante altar mayor. La iglesia recibe cada setiembre a miles de devotos del Señor y la Virgen del Milagro, los patronos de Salta. ¿El motivo? A ellos se les atribuye el prodigio de haber detenido los terremotos que asolaron la ciudad hacia fines del siglo XVII. La Catedral cuenta también con el Panteón de las Glorias del Norte, donde se guardan los restos del general Güemes, entre otros próceres. Y en la parte posterior, vale la pena visitar el Museo Catedralicio Monseñor Carlos Pérez.

Estilo colonial
Son muchos los edificios históricos de Salta que merecen una visita. Pero algunos pueden ser definidos como imperdibles. Ese es el caso de la Casa Leguizamón, de dos plantas y con una reconocible fachada rosada sin ochava, gruesos muros de adobe, vigas de madera y un balcón de hierro a lo largo de todo el frente.
Caminando unos metros a la derecha está el Museo de Bellas Artes, que funciona en la Casa de Arias Rengel. Es una casona de mediados del siglo XVIII y tiene 16 habitaciones, donde se exhiben exposiciones de arte permanentes y temporarias.
Otro imperdible es la Casa de Hernández, actual Museo de la Ciudad: construida alrededor de un gran patio central en 1780, conserva sus pisos originales y aberturas. En tanto, los museos Evaristo Uriburu y Pajarito Velarde eran también viviendas que se transformaron en guardianas de objetos históricos y artísticos.
Sin embargo, el recorrido por el casco salteño no será completo si no se visita el emblemático Convento de San Bernardo. La más antigua de las construcciones religiosas de la zona -de fines del siglo XVI- alojó al hospital de San Andrés hasta que pasó a funcionar como Monasterio de las Carmelitas. Para observar: el portal barroco tallado en algarrobo, realizado por indígenas, es un fiel reflejo del arte colonial salteño.

Música del alma
Tierra del folclore, Salta es testigo del surgimiento de grandes músicos que, con canciones y danzas populares, reflejan las influencias autóctonas.
En los últimos años se fue gestando un fenómeno entre los jóvenes, quienes han reformulado las peñas folclóricas con larguísimas guitarreadas. Para quienes gusten del folclore tradicional, con números artísticos programados, hay numerosas peñas que siguen las huellas de artistas como Cuchi Leguizamón, Juan Carlos Dávalos, Los Chalchaleros, Los Nocheros, El Chaqueño Palavecino, Dino Saluzzi y Manuel Castilla, entre tantos otros.
Junto con las expresiones artísticas se destacan los artesanos, quienes siguen técnicas milenarias. Si bien podemos comprar artesanías en muchos comercios de la ciudad, el Mercado Artesanal reúne a los mejores exponentes. Se destacan los típicos ponchos salteños, las prendas confeccionadas en telar y las piezas de cerámica, así como trabajos en alfarería, metales y cuero. Otra alternativa es dirigirse al Camino de los Artesanos, en la localidad de Vaqueros, que sobresale por la calidad de sus telares y ponchos.
Un paseo recomendable y a sólo 10 minutos de Salta, es Villa San Lorenzo. Allí se realizan caminatas, cabalgatas y circuitos en bicicleta entre colinas. Entonces sí, habrá llegado la hora de probar humitas, tamales, locros y todas las exquisiteces de la cocina andina. Unica, como sus paisajes.

Fuente: Clarin.com

    

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