Circuitos en San Rafael
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Un paseo por el sur mendocino que combina visitas a bodegas y viñedos con deportes, arte y aventura.
Don Antonio se para junto a su nieto, de 10 años, y comienza a iniciarlo en los secretos del golf. Le muestra cómo pararse y le enseña su swing, mientras a pocos metros el riego por goteo va haciendo crecer extensos viñedos. Seguramente Antonio se entusiasma pensando que en poco tiempo podrá adentrarse con su nieto en el recorrido de esta particular cancha de Viñas del Golf, en San Rafael, sur de Mendoza. Con el fondo de la Cordillera de los Andes y rodeada por el desierto, la cancha de 9 hoyos championship fluye a través de viñas, represas de agua y árboles frutales, y sus hoyos están bautizados con variedades de uvas: hay un hoyo Malbec, otro Bonarda, un Chardonnay, y así.
Viñas del Golf es un emprendimiento nuevo -en plena expansión- que forma parte de la ruta del vino del Sur mendocino, conformada por cinco bodegas de distintas características. Todo en una gran ciudad, de aproximadamente 200 mil habitantes, con intensa vida nocturna, hoteles, dos casinos, spas de olivoterapia y vinoterapia, y a sólo un paso del Cañón del Atuel, poblado de cabañas, con las bajadas de rafting más famosas del país y todo tipo de actividades de aventura.
Valentín Bianchi es una de las bodegas más reconocidas de la Argentina, de las que más cantidad de turistas recibe. El año pasado inauguró su Viñedo de los Artistas con un concierto del maestro Alberto Lisy. El recorrido, en el que el visitante puede ser acompañado, por ejemplo, por el enólogo Rodrigo Valdés, comprende distintas estaciones, cuarteles con distintas variedades de uva -para apreciar las características de cada una- y degustaciones en el también nuevo mirador, un gazebo en altura desde el que se contempla un mar de viñas y los picos montañosos al fondo. Allí también se organizan eventos especiales, como cenas con luna llena. Un capítulo aparte merece la cava de espumantes, un larguísimo pasillo tapizado por 100 mil botellas recostadas, esperando: saldrán al mercado entre fines de 2008 y principios de 2009.
De aromas y sabores
En un mundo vitivinícola que últimamente recibió inversiones millonarias, la ruta de San Rafael se distingue por su dimensión humana: el desprevenido turista puede ser recibido en una bodega por los propios dueños, o cruzárselos en pleno trabajo mientras recorre una cava. Es el caso de Alfredo Roca, una bodega boutique focalizada en la alta calidad y la exportación, cuyo vicepresidente es Alejandro Roca, cuarta generación de una familia de bodegueros. Si Roca es la historia del padre y el hijo que siguen trabajando de sol a sol cada día, la bodega Jean Rivier podría ser definida como la historia del inmigrante, la segunda generación en Argentina, que repite una tradición familiar. Aquí se confirma que visitar la Ruta del Vino de San Rafael es una inmejorable oportunidad para sumergirse -tentadora metáfora- en el mundo del vino rosado, que la mayoría de las bodegas de la zona elabora. “Durante mucho tiempo en Argentina se consumió clarete, mezcla de tinto y blanco, que luego desapareció. Pero ahora tenemos rosados elaborados correctamente; esto es, de uvas tintas descubadas anticipadamente y fermentadas a baja temperatura”, explica Marcelo Rivier, socio de la bodega. Y en pleno testeo directo de la barrica de un rosado 74% cabernet y 26% malbec, agrega que es un excelente vino de aperitivo y postre, que “permite apreciar otras características de las uvas tintas, porque en el rosado evolucionan distinto, con otros aromas y otro sabor”.
Vale la pena dejar para el final la visita a Goyenechea, una de las más tradicionales bodegas del país, fundada en 1868 por dos hermanos vascos y en la que ya está tomando control la quinta generación familiar. Recorriendo la enorme finca de Villa Atuel -a 60 km de San Rafael, camino a Gral. Alvear-, don Alberto Goyenechea dice que a sus 68 años ya empieza a dejarles el trabajo duro a sus hijos, y cuenta retazos de historia de la vitivinicultura de la zona, mientras camina debajo de dos enormes lambersianas de 100 años. Y se entusiasma con la nuevísima sala de visitas y degustación, con todas las comodidades para los turistas. Todo un símbolo de adaptación a esta nueva era del turismo enológico.
Fuente: Clarin.com
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